sábado, 20 de enero de 2007

Amén (Amen, Francia, 2002)

Continúo comentando películas con contenido cristiano, aunque en esta ocasión se trate de la feroz crítica de Costantinos Gavras (Desaparecido EEUU 1982, Mad City EEUU 1997) contra la jerarquía eclesiástica en tiempos de la masacre judía por obra del III Reich. Con un elenco de actores casi desconocidos Ulrich Tukur (Solaris EEUU 2002), Mathieu Kassovitz (Oscura Seducción EEUU 2003, Munich EEUU 2006) Costa-Gavras narra el intento de un joven jesuita y de un miembro de las SS por detener las deportaciones y ejecuciones de los judíos en las cámaras de gas. Ambos saldrán mal parados dejando así en evidencia la barbarie nazi y el silencio culpable de la jerarquía eclesiástica encabezada por Pio XII. El esquema de la película no es nuevo, otro día hablaremos de The Body (EEUU-Israel-Alemania 2001) o Stigmata (EEUU 1999) donde también se presenta una visión muy negativa de las autoridades eclesiásticas y una valoración positiva de los protagonistas de la historia como ministros que “van por libre”.

Se trata de una película bien desarrollada, entretenida e intrigante, pero con una visión de la actuación de la Iglesia demasiado subjetiva y a mi parecer, injusta.

Comienza la película con la denuncia de los obispos alemanes del exterminio de las personas Síndrome de Down por parte de los nazis. Ahí acaban las concesiones del director al enfrentamiento de la Iglesia con el régimen nazi. A partir de ahí todo es silencio, ocultación de la verdad y comilonas entre cardenales. Como digo, olvida este director las numerosas actuaciones del Papa, de los cardenales, obispos, religiosos/as y laicos/as en aquella época. Se han escrito libros al caso, yo me conformo con citar a dos eminentes personajes judíos que alabaron en su día las intervenciones papales (las más criticadas hoy en día).

Joseph Emer Proskauer presidente del comité judío americano, escribe: La intervención de su santidad, de las nunciaturas apostólicas y de los prelados católicos en el mundo entero, han sido, sin duda alguna, una gran prueba de responsabilidad. Estas actividades benéficas avalan, en tiempos de barbarie moderna, la noble tradición humanitaria de la Iglesia católica. Todo ello ha inspirado al pueblo judío un profundo y duradero sentimiento de gratitud…”

El Rabino de Jerusalén Isaac Herzog añadía: “El pueblo de Israel no olvidará jamás el apoyo dado por su santidad a sus desafortunados hermanos y hermanas en el momento más triste de nuestra historia.

Me parece que sobran más comentarios. Animaros a que veáis la película pro no a que os la creáis entera (es un grave problema de nuestros días, mucha gente confunde Cine con Historia). Como cristianos debemos tener una capacidad crítica con todo aquello que veamos y también estar informados de las respuestas que podemos dar ante ataques tan injustos que recibimos a través de este género…

5 comentarios :

  1. un seminarista20 ene. 2007 15:38:00

    Efectivamente, no todo lo que nos relatan las películas es cierto. Tristemente, podemos recordar como la película "el Código da Vinci" no esplica, al principio de la misma, que lo que se va a ver no está basado en hechos reales, y mucho menos en datos históricos fehacientes. ¿ Por qué ? No interesa ser honesto, sino ser astuto para captar egoístamente a muchos espectadores que se han devorado el libro y se han creído parte de lo que dice. La masacre nazi y el odio racial no necesita más comentario que la propia reslidad. la sinrazón, los intereses políticos, sociales y culturales rebasan los límites del humanismo. Algo que nunca más se debería repetir.

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  2. El Peregrino Ruso21 ene. 2007 8:18:00

    Hay que ver cuanto sabes usted D. Jaime, ultimamente sus articulos sobre cine y nombres raros que cita que no habia leido en mi vida me sorprenden por esa faceta suya, la cual me sorprende. Es usted un hombre culto que realmente es digno de admirar que un sacerdote en los tiempos de hoy maneje tanta cultura e información. Lo mismo hace un comentario sobre un libro que con una película. Es para quitarse el sombrero

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  3. el duedecillo verde21 ene. 2007 10:20:00

    Hola estoy vivo.

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  4. El rabino jefe de Roma se bautizó con el nombre de Eugenio (Zolli) por el gran trabajo que hizo Pío XII (Eugenio Pacelli) para salvar a los judíos.

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  5. Vale la pena comparar con la película "Hijos de un mismo Dios"
    https://sites.google.com/site/pquiasantagemamga/peliculas-cristianas-catolicas/hijosdeunmismodios
    Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Un matrimonio judío, para evitar que su hijo caiga en manos de los nazis, decide trasladarlo al campo, donde es acogido por una familia de campesinos católicos. (FILMAFFINITY)
    El siguiente diálogo de la película se da entre el sacerdote católico, uno de los protagonistas principales del filme, y uno de los niños católicos a quienes está catequizando:

    —¿Dónde nació Jesús?— pregunta el cura.
    —En el Vaticano— contesta uno de los niños catecúmenos.
    —¡Ah! ¿Entonces era italiano?
    —Sí padre.
    —¡No!; judío. ¡Era judío!— corrige el sacerdote ante la cara atónita del niño y de sus compañeritos, quienes no asimilan que aquél al que adoran como Dios y centro de su religión fuese judío; es decir, Jesucristo era judío igual que toda esa gente perseguida, segregada, maltratada y exterminada allí mismo, ante sus ojos, en la sociedad polaca; de hecho son testigos de como los judíos llenan los trenes que pasan cada noche cerca de sus casas, donde van enjaulados y amontonados como ganado llevado al matadero, y no en vano estos niños católicos si son detenidos por los militares nazis proclaman inmediatamente que ellos son polacos, no judíos, sabedores que dicha distinción les exime a priori de correr la misma suerte.
    —¿Judío!— medio pregunta y medio exclama el niño, estupefacto ante lo que acaba de oír de boca de su párroco catequista.
    El presbítero católico (interpretado por el actor Willem Dafoe), hombre de noble corazón, acogedor y comprensivo, esconde, protege y salva al niño judío entre su comunidad de feligreses católicos; quizás porque considera a los judíos como a hermanos mayores en la fe; quizás porque estima a la religión judía como una religión prima-hermana o incluso más, la religión madre de la que procede nuestra religión cristiana; quizás porque es sabedor de que la religión judía, como manifestaría unas cuantas décadas después un polaco investido Papa con el nombre de Juan Pablo II, “la religión judía pertenece a lo “más íntimo” de nuestra propia religión cristiana”.

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