lunes, 3 de mayo de 2021

De Dioses y hombres, (Des hommes et des dieux, Francia, 2010)

Antes de que Scorsese se aventurara con Silencio a explorar el cine sobre el martirio cristiano,  ya se habían rodado bastantes películas con esta temática. Sin contar con los primeros mártires del siglo I, en este Blog ya se han comentado Un hombre para la eternidad (1966), Una vida por otra: Maximilian Kolbe (1991), María Goretti (2003) y Popieluszko (2009). Hay muchas más que espero ir añadiendo poco a poco a esa lista de personas que murieron derramando su sangre por Cristo y su Evangelio y perdonando a sus verdugos (condiciones ambas imprescindibles para ser considerado mártir).

De Dioses y hombres (ganadora del Premio del Jurado en el Festival de Cannes) cuenta la historia del martirio de siete monjes trapenses asesinados por los musulmanes en 1996 en Argelia durante la guerra civil de ese país. Xavier Beauvois recrea los últimos años de vida de sus compatriotas. La acción comienza en 1993 en Tibhirine, una pequeña población en la que ocho religiosos viven comunitariamente en fraternidad y sintonía con la población local. Dedicados a sus oraciones, sus quehaceres cotidianos siguiendo la regla de San Benito (ora et labora) ayudan a los lugareños con alimentos y un pequeño dispensario médico. Todo es armonía (el principio del film recuerda el ritmo pausado de la vida contemplativa detallada en El Gran Silencio) hasta que un grupo fundamentalista islámico asesina a un grupo de trabajadores croatas. A partir de ahí cunde el pánico entre la población, que pide a los monjes que permanezcan con ellos y no se trasladen a un lugar más seguro. Es en este momento donde se producen los momentos más intensos y los diálogos más profundos del film. 

El prior del convento tiene un diálogo con una mujer musulmana estremecedor y que merece la pena ser destacado:

- "Somos como los pájaros sobre la rama", dice el prior, 
- “No, no sois los pájaros; vosotros sois la rama y nosotros somos los pájaros, si os vais, no tendremos donde agarrarnos”, responde la mujer.

Como comunidad e individualmente los religiosos van dejando ver a partes iguales su fe, sus temores, sus miedos y su soledad. Están allí para integrarse en la población, pero también deben proteger sus vidas. ¿Deben escoger el poder evangelizar en un lugar más seguro o permanecer allí a pesar de arriesgar sus vidas a un martirio más que probable?

Esta disquisición tan difícil de resolver se sigue repitiendo casi cotidianamente. El año pasado, en 2020, 20 misioneros fueron asesinados. Ahondando en cifras, desde el año 2.000 el número de misioneros asesinados se eleva a 535, cinco de ellos obispos. De todos y cada uno de ellos se podría rodar a buen seguro una película con sus testimonios de vida y de fe.  

La culminación de la trama se produce tras una "última cena" silenciosa de toda la comunidad y sin derramamiento de sangre. Tras ser asaltado el convento, los monjes son trasladados del monasterio a un descampado en un paisaje nevado y ahí termina todo, desapareciendo sus siluetas. No hay concesiones al morbo ni al espectáculo cruento. Lo que importa mostrar al espectador han sido los diálogos y las actitudes previas al martirio de todos los miembros de la comunidad, no el desenlace trágico. 

En unos meses se va estrenar La mirada de Lucía, una película española sobre los asesinatos de seis sacerdotes jesuitas en El Salvador, entre ellos el español Ignacio Ellacuría. Esperemos que el film haga justicia a la figura de estos mártires de una manera tan emotiva como el cine francés hizo con sus compatriotas en De Dioses y hombres.   

lunes, 26 de abril de 2021

La Semilla del Diablo (Rosemary's Baby, EEUU, 1968)

Desde hace una década raro es el año que no se estrenan un par de películas sobre exorcismos o relacionadas con el diablo-demonio-Satanás. Muchas de ellas han bebido directa o indirectamente de "La semilla del diablo", especialmente en la identificación que el espectador realiza con el protagonista de la película. Uno de los primeros directores en explorar este apartado psicológico de los personajes fue sin duda Roman Polanski. Hasta su llegada, el cine de terror se limitaba a escenas que encogían el corazón de quien visualizaba la película en momentos puntuales. El paso profundo que da Polanski es que ese miedo no es momentáneo, sino que te acompaña a lo largo de toda la proyección ya que el temor no se basa únicamente en el aspecto físico sino también en el psicológico.

El film reúne muchos de los elementos que se han convertido en clásicos del cine de terror. Un matrimonio normal (interpretado a la perfección por Mia Farrow y John Cassavetes), una casa encantada, una extraña criatura, y una situación de mucha vulnerabilidad (en este caso una embarazada) que poco a poco va desvelando una incómoda verdad. Basada en la novela de Ira Levin, su argumento relata la vida de los Woodhouse, un matrimonio americano que estrena casa y decide tener un hijo para ampliar la familia. Rosemary, la protagonista, solo recuerda que fue una concepción extraña "Soñé que alguien estaba seduciéndome, no sé, alguien inhumano" hasta que finalmente descubre la verdad por boca de su vecina: "Querida, te eligió a ti entre todas las mujeres del mundo para ser la madre de su único hijo" en una especie de anti-Avemaría por concepción demoníaca. 

Rodeando a esta película existe toda una serie de curiosidades, maldiciones o marketing, cada uno que crea lo que quiera. El lugar en el que se rodó la película (Edificio Dakota, New York, en cuya puerta sería tiroteado John Lennon en 1980) fue seleccionado por tener fama de estar encantado (con psicofonías y apariciones antes y después del rodaje). La leyenda se vio agrandada por el hecho de que el compositor de la música, el también polaco Krzysztof Komeda, resbalara y quedara en coma durante cuatro meses, tras los que finalmente moriría fruto del golpe en la cabeza. Como colofón, el asesinato de la mujer de Polanski, Sharon Tate, estando embarazada de 8 meses y medio en 1969, tras rituales satánicos por parte de miembros de la secta de Charles Manson hicieron establecer paralelismos entre lo sucedido y la protagonista de la película. 

Teológicamente la película no tiene ninguna base bíblica. Por supuesto que en el libro sagrado sí se menciona en muchas ocasiones al diablo (con ese u otros nombres), pero en ningún lugar aparece que vaya a nacer de manera humana. Algunos sí han querido ver la personalización de esta figura en el Anticristo mencionado varias veces en la Primera Carta de San Juan o en la Bestia del Apocalipsis, pero en ninguno de los dos libros se menciona su nacimiento como un bebé. 

Sea como fuere, lo cierto es que esta película merece la pena ser vista como una de las pioneras del cine de terror actual, abriendo una temática demoníaca tras la que vendrían -entre otras- la saga de El Exorcista, la de La Profecía, La séptima profecía, o más recientemente El fin de los días", El exorcismo de Emily Rose, Pactar con el diablo, Poseído, El día de la Bestia", El rito o Exorcismo en el Vaticano.