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viernes, 27 de febrero de 2015

Confesiones de San Agustín

Durante estos días estoy leyendo el libro de las Confesiones de San Agustín.

Su título puede llevar a engaño, ya que en principio puede parecer que el libro es una "confesión" en la que San Agustín nos abre su alma y nos narra la cantidad y el modo de los pecados que cometió durante su vida previa al cristianismo, antes de su conversión a la fe. Algo de esto encierra el volumen, y es cierto que es una especie de autobiografía, pero el núcleo esencial es otro. Se trata, más bien, de una "confesión de fe", en la que el Santo de Hipona nos intenta acercar al Dios que ha descubierto en su madurez con el paso de los años y que ha cambiado radicalmente su existencia. 

Se trata, por ello, más de un tratado de espiritualidad casi mística que de unas memorias del Santo. Es un tratado filosófico-teológico, pero que no os asuste el nombre. Si os digo que son 13 libros compendiados, también os puedo desanimar, pero insisto en que no os abruméis, ya que la mayoría de ellos apenas si ocupan unas pocas páginas. Su lectura es muy asequible y divulgativa, especialmente si encontráis una buena traducción actualizada. Tengo que reconocer que hasta ahora no las había leído más que a trozos sueltos, pero que su lectura me está ayudando a intentar comprender un poco mejor al Dios cristiano a través de la experiencia vital de uno de los mayores Santos de la Historia.

Simplemente el comienzo ya es un clásico y una de las frases más utilizadas cuando se cita a San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto, hasta que descanse en Ti” (Conf. I,1,).

Así que mi consejo es que os animéis y lo leáis. Son muchas las cosas que se pueden leer en la oferta cultural de hoy en día, pero los clásicos siempre van a estar ahí. Os dejo dándoos el mismo sabio consejo que una vez me dieron a mi: "Lee mucho, pero comienza leyendo los libros importantes, ya que no podrás leerlos todos..."

martes, 13 de mayo de 2008

Dos experiencias Extraordinarias

"Extraordinario" es lo que supera a lo ordinario, esto es, a lo común. Y extraordinario implica que esa superación es, a todas luces, gratificante.

Pues esta semana pasada he tenido dos experiencias sacerdotales (al hilo de las Primeras Comuniones) en las que no cabe mejor adjetivo calificativo que el de “extraordinarias”.

Antes de relatarlas os comento que he releído los post que escribí sobre el tema de las comuniones el año pasado. En general os puedo decir que hay “más de lo mismo”, o “sin novedad en el frente”, que diría el otro. Las comuniones siguen con su inexorable avance hacia su conversión en actos más sociales que religiosos, excesivamente multitudinarios y en celebraciones que más bien provocan insatisfacción general que otra cosa en ministros, catequistas y en todos aquellos que se toman la religión mínimamente en serio.

Sin embargo, estas dos experiencias que quiero compartir con vosotros hoy son como dos gotas frescas de rocío mañanero en el árido desierto...

La primera fue con motivo de las confesiones de los niños que se preparan para recibir a Jesús sacramentado. Una vez acaban los niños, comienzan las madres. Es curioso, siempre son las madres –rara vez un padre- los que acompañan a los niños a confesiones y ensayos. Supongo que los horarios laborales tienen mucho que ver en ello, pero yo la paridad tan cacareada hoy en día no la huelo ni de lejos. Todos son mujeres, como si los hombres no tuvieran pecados… Van viniendo una a una, y después de la ya esperada, y casi rutinaria coletilla “Estoy muy nerviosa; porque hace mucho, mucho tiempo que no confieso….” vino lo que califico como una experiencia extraordinaria.

Comprenderéis que no puedo referirme al contenido explícito de la confesión, pero sí a que una de esas madres, sollozando primero y comiéndose las lágrimas a tragos después, me relató que no confesaba desde que un día había abandonado un confesionario llorando ante una actitud poco comprensiva -y me atrevería a afirmar también que poco caritativa- de otro sacerdote. Con los niños habíamos leído y comentado el Evangelio en que Jesús dice: Tampoco yo te condeno. Vete y en adelante no peques más (Juan 8,11) y sintió el impulso de encontrar en el sacramento de la Penitencia la reconciliación y el perdón de aquellos pecados -me los reservo- pretéritos. Ni que decir tiene que los obtuvo, y salió con una paz y una relajación que se traslucía en su rostro. En aquel momento me sentí instrumento de Dios transmisor de paz y perdón, pero también me sobrevino una desgarradora angustia al pensar el daño que podemos hacer los curas en un confesionario –o en una silla, como era el caso-. Creo, es mi opinión personal, que aún en el caso de tener que negar una absolución, hay que saber hacerlo al menos con educación, y si se me permite la expresión, “con arte”.

La segunda experiencia fue el viernes, en el Hospital. Tras recoger a mi padre a quien afortunadamente le daban el alta ese día, se me acercó el padre de un niño de otra parroquia de Arcos que por lo visto me conocía de vista. Llorando, -más lágrimas- me comentaba que su hijo estaba hospitalizado y que el sábado haría la comunión y aquel viernes debía confesar. Le iban a dar un alta provisional para hacer su Primera Comunión, pero a la confesión no llegaba. El niño había estado toda la noche sin dormir a cuenta de los nervios. Así que manos a la obra. Era la primera vez que confesaba a un niño postrado en una cama, y os aseguro que la experiencia es cuando menos impactante. Uno escucha las mismas venialidades (de pecado venial) que a los demás niños, pero de otra manera. Nunca olvidaré la sonrisa de ese niño al darle la absolución y decirle que ya podía descansar hasta el día siguiente. Al terminar y acercarme a sus padres éstos habían convertido ya sus llantos nerviosos en lágrimas de alegría. De nuevo la satisfacción del deber cumplido y el sentirme portador de Dios se apoderaron de mí.

En fin, que bendito sea Dios que nos regala el sentirnos de vez en cuando útiles en medio de esta sociedad que cada vez valora menos lo que somos y lo que hacemos los sacerdotes.

lunes, 30 de junio de 2025

San Agustín (Sant'Agostino / Augustine: The Decline of the Roman Empire, Italia, 2010)

Comienza el verano y empieza el visionado de películas de temática religiosa que a lo largo del curso voy posponiendo. La reciente elección de un Papa agustino me recordó que tenía aún pendiente de ver una película sobre el fundador de esa Orden. Hace unos años leí su obra Confesiones, densa y profunda como lo es el telefilm que hoy comentamos. 

La miniserie forma parte del un ambicioso proyecto de la productora italiana Lux Vide llamado Imperium, que contó con cinco trabajos sobre hitos clave del Imperio Romano: Augusto - El primer Emperador (2003); Nerón (2004); San Pedro (2005); Pompeya (2007) y San Agustín (2010). Este detalle es importante para comprender el enfoque de la obra, que pretendió ser más histórico que espiritual. Es una película "para todos los públicos", no solo para los creyentes.

Hago un paréntesis en el comentario. Ojalá en España hubiéramos tenido algo parecido a esa productora, ya que, además de esta pentalogía, en Italia se produjeron entre 1994 y 2012 un buen puñado de obras de contenido cristiano, algunas de ellas ya comentadas en este Blog: San Antonio de PaduaMaria Goretti, Don Bosco, Santa Rita de Casia, Clara y Francisco, Pablo VI, un Papa en la tempestad, Pío XII, bajo el cielo de RomaPrefiero el Paraíso, Santa BárbaraMaría de Nazaret... así como capítulos de la serie "La Biblia" y "Amigos de Jesús". Un legado cultural que queda para la posteridad del cristianismo en Italia. Cierro paréntesis.

Aterrizamos en San Agustín. Se trata de una obra de 180 minutos (dividida en dos capítulos) dirigida por el canadiense Christian Duguay, con dos aspectos muy cuidados en la obra: la música de Andrea Guerra y la fotografía de Fabrizio Lucci. El personaje principal está doblemente interpretado por Alessandro Preziosi (25 años) y Franco Nero (76 años). Ambos realizan un trabajo digno de mención. Curiosamente, a pesar de ser una producción italiana, está rodada en inglés. Los dos capítulos tuvieron en 2010 en la RAI una audiencia de 7 y 6,7 millones de espectadores respectivamente, con un share del 25% de cuota de pantalla, convirtiéndose en uno de los programas más vistos de ese año.

Vamos con el análisis. Se trata de una mini-serie que, aunque ambientada entre los siglos IV y V, representa una historia muy actual, que nos habla de familia, de sentido de la vida, de conversión y de perdón. Todo ello ambientado en un Imperio Romano que agoniza y un cristianismo que lucha contra herejías poderosas que amenazan con desmembrarlo. Vamos a dividir el comentario en dos:

Primera Parte:

La acción comienza en el 430 d.C. Hipona es una ciudad del norte de África asediada por los vándalos. Su obispo, Agustín, intenta un acuerdo pacífico para salvar a sus habitantes, pero el tribuno Valerio y el centurión Fabio son partidarios de continuar la defensa de la ciudad con un último ataque a los atacantes. El Papa va a enviar dos barcos para salvar a Agustín y sus libros, por lo que su sobrina Lucilla intenta convencerlo para que se marche. Mientras que prepara sus cosas y recoge sus libros, Agustín -con la técnica del flashback- va recordando su infancia  en una familia humilde de Tagaste, su vida de estudiante de oratoria-derecho como discípulo de Macrobio y bajo la protección de Valerio en Cartago, su vuelta a Tagaste para formar una familia con su esclava Khalidà y su hijo Adeodato y su marcha final a Milán para disputar dialécticamente con San Ambrosio. Volviendo al siglo V, con la llegada de los barcos y las dudas del santo sobre qué hacer, termina la primera entrega. 

En esta primera parte se nos presenta a Agustín como un joven en continua búsqueda de la verdad, con muchas dudas sobre qué es lo correcto, y a quien su conciencia no le permite realizar cosas contrarias a la honestidad y la justicia, a diferencia de Macrobio y Valerio. Tan importante como la figura del joven es presentada la de su madre, Santa Mónica, permanentemente rezando por la conversión de su hijo. A pesar de sus esfuerzos y lágrimas, no consigue que Agustín se convierta al cristianismo, ni puede impedir que busque la verdad en otros sitios: el placer, el lujo, el éxito, la fama o el maniqueísmo. Toda esta etapa encuentra un hilo de fondo en algunos textos de las Confesiones del santo, que elevan la trama a aspectos espirituales y teológicos. Algunas frases que me gustaría destacar de esta primera parte son:

San Agustín: "Como cualquier hombre abandonado a mi suerte, todavía era un pobre niño presuntuoso. No no necesita nada. Si hay algo bueno en mí, se lo tengo que agradecer a mi madre. Mi madre, que me parió con la carne a esta vida temporal, y con el corazón a la vida eterna".

San Agustín: "¿De quién eran las palabras, si no de Dios, que resonaban en mis oídos por boca de mi madre, fiel a Dios? Pero no entraron en mi corazón, ni siquiera una nos llegó para traducirlo en hechos. Me pareció que el suyo era un consejo de mujer, que me habría dado vergüenza seguir. Y en cambio, eran de Dios. Yo no lo sabía, y en ella despreciaba a Dios". 

Obispo de Tagaste: "Dios permite perdernos, así podremos encontrarnos después".

Obispo de Tagaste: "Reza, Mónica. Un hijo que soporta tanto dolor nunca será un perdido". 

San Ambrosio de Milán: "No. El hombre no encuentra la verdad. Debe permitr que la verdad lo encuentre a él". 

San Agustín: "Ayer fui a ver cómo emigraban las cigüeñas. ¡Las envidié! Siempre saben cuándo partir y en qué dirección ir. Pero a nosotros nos es muy difícil entender lo que Dios quiere que hagamos". 

Segunda Parte:

Continúa el asedio de los Vándalos. Agustín sigue recordando su vida con su mujer y su hijo en Milán como orador y sus disputas dialécticas con San Ambrosio. Un asalto del ejército a los indefensos cristianos provocan la crisis espiritual de Agustín, quien entre el remordimiento y la angustia oye una voz que le pide leer el Nuevo Testamento"Cógelo y léelo". Continua recordando sus disputas con los donatistas, en la que sale victorioso gracias al juez Ilario, quien en venganza es asesinado por los perdedores y resulta ser el padre del centurión Fabio, a su vez enamorado de su sobrina Lucilla. Ambos consiguen huir de Hipona mientras los vándalos asaltan la ciudad y se deja entrever la muerte del santo.

Esta segunda parte tiene como eje central la conversión de San Agustín, cuya escena es el clímax de la serie. San Agustín lee un trozo de las Epístolas del apóstol San Pablo: "No en los disturbios ni en la bebida, ni en las alcobas ni el abandono, no en la discordia y la envidia... Poneos a disposición de Jesucristo y no hagáis provisión de la carne para satisfacción de la lujuria". A ejemplo del Saulo, se produce una caída, y una luz potente lo invade todo mientras contempla el mosaico del Bautismo de Cristo. Tras este "éxtasis" dirige unas palabras a San Ambrosio"Siempre he hablado demasiado. Hoy por primera vez he escuchado. Le escuché a Él". Como colofón de la escena lloran el obispo de Milán y él. Frases a destacar de esta segunda parte son las siguientes:

San Agustín: "Hay más gloria en luchar por la paz que en hacer la guerra". 

San Ambrosio: "Nuestra libertad. Eso es en lo que el hombre se parece a Dios... Pero Dios también nos ha dado su Espíritu y su Espíritu da vida. El Espíritu nos da vida, nos hace que amemos el bien y nos hace libres... Como dice el Evangelio: "El que no está contra nosotros, está con nosotros". Quien está contra la verdad está contra mí". 

San Ambrosio: ¿Hay alguna madre mejor que Dios? ¡Y aún así, cuántos de sus hijos le repudian. No pierdas la esperanza. Si Agustín hubiera sido un hijo fácil, Dios no le hubiera dado una madre como tú".

San Ambrosio: "Agustín, recuerda lo que dije: «No es el hombre el que encuentra la verdad, sino la verdad la que encuentra al hombre». Porque la verdad es una persona: Es Jesucristo, el Hijo de Dios".

San Agustín: "Tardíamente amé a Dios. A la belleza, tan anciana y tan nueva... Tardíamente amé a Dios. Me habló alto y me forzó a abandonar mi sordera. Dios brilló y disipó mi ceguera. Exhaló fragancias y creció en mi corazón. Y ahora me arrodillo ante ti. Lo supe, tuve hambre y sed. Dios me tocó. Y me trajo la paz"

Santa Mónica: "Escucha el silencio. Nuestra vida es como una concha, frágil, temporal. Pero hay algo que vive dentro de nosotros, que no es frágil y es atemporal. Ya estamos viviendo una vida eterna, hijo mío". 

San Agustín: "Ambicioso. Lujurioso. Narcisista. Fui todas esas cosas, pero Dios me dio una madre. Ella me enseñó que nada en este mundo material merece nuestra ambición. Dios me dio una mujer. Me enseñó que amar significa renunciar a uno mismo. Dios me dio un hijo, y pensé que él había sido creado a mi semejanza. Después Dios me lo quitó, para enseñarme que fue creado a su semejanza. Ambicioso, lujurioso, narcisista. Yo fui todo eso, y todavía lo soy. Como lo somos todos. Como lo somos todos, pero ninguno está solo. Nunca. Ni siquiera en la desesperación o la oscuridad. Dios está con nosotros. Dios es más hermano que ningún hermano, más amigo que cualquier amigo, más amante que ningún amante"

San Agustín: "Ahora sois marido y mujer. Os esperan tiempos difíciles, pero seréis una luz en la oscuridad, una luz de amor. Por eso os digo: Si estáis en silencio, estad así con amor. Si habláis, hablad con amor. Si os adoctrináis, adoctrinaos con amor. Si perdonáis, perdonad con amor. Que el amor crezca dentro de vosotros, porque solo el bien puede subir desde su origen. Amad, y vivid en paz".

En conclusión, una película que nos muestra de manera objetiva la biografía de San Agustín, un joven que fue víctima de su orgullo, de su narcisismo, de sus habilidades oratorias... que lo condujeron a conocer los pecados y vicios del mundo para disgusto de su madre. Como contraposición se nos propone su conversión, donde tras abandonarse a Cristo cambió su fama, su codicia y sus éxitos mundanos por una vida más profunda y coherente. Un cambio espiritual que llenó su vida de sentido y de esperanza. Y ahondando más, podemos encontrar muchos puntos en común con la vida actual, por lo que el biopic se convierte en una catequesis visual que nos enseña que todas las acciones de la vida tienen consecuencias, que la incesante búsqueda de la verdad tiene recompensa, y que nos propone el perdón, las relaciones humanas profundas y los valores familiares y religiosos como propuesta de un camino de plenitud de vida.

sábado, 17 de noviembre de 2012

Oración de San Agustín: Oración de Interioridad

Hoy os dejo este extracto del libro de las Confesiones de San Agustín que es a al mismo tiempo un tratado de Espiritualidad y de Teología. La tardía conversión de San Agustín le permitió crear algunas de las oraciones más bellas y más profundas del cristianismo. Seguramente nosotros seamos cristianos desde que nos bautizaron siendo pequeñitos, pero precisamente por ello es bueno que nos adentremos de vez en cuando en el Misterio de la Conversión al que todos estamos llamados día a día, independientemente de nuestra edad o de cuándo hayamos decidido tener una vida cristiana seria y entregada. Dios llama a todo ser humano a su seguimiento, respetando los tiempos y los procesos de las personas, incluso respetando su libertad para rechazarlo. Siempre es buen momento para renovar nuestro SÍ a Dios y a sus planes, y os propongo hoy que renovemos nuestra adhesión a Cristo y a su Iglesia con estas palabras de San Agustín:


¡Tarde te amé, 
belleza tan antigua y tan nueva,
 tarde te amé!.

El caso es que tú estabas dentro de mí y yo fuera.


Y fuera te andaba buscando. 


Y, como un engendro

de frialdad, me abalanzaba 
sobre la belleza de tus
criaturas.


Tu estabas conmigo, pero yo no estaba contigo.
Pero me tenían prisionero lejos de ti aquellas cosas
que, si no existieran en ti, serian algo inexistente.
Me llamaste, me gritaste, 
y desfondaste mi sordera.

Relampagueaste, resplandeciste,
y tu resplandor disipó mi ceguera.
Exhalaste tus perfumes
respiré hondo, y suspiro por ti.

Te he paladeado, y me muero de hambre y de sed.
Me has tocado, y ardo en deseo de tu paz.

lunes, 12 de octubre de 2015

I still haven´t found what I´m looking for (U2, 1987)

Pocos grupos comerciales actuales hacen música con algún contenido religioso. Cada vez resulta más difícil encontrar canciones con una referencia explícita hacía el cristianismo, Dios o Jesucristo. Estas últimas parecen palabras tabú que nadie se atreva ya a cantar en público.

U2 y su cantante Bono siempre han sido una excepción a esta regla. Ya en 1987 publicaron The Joshua Tree (El árbol de Josué) en el que gran parte de sus canciones tenían un contenido explícitamente cristiano, como la que comentamos hoy o In God´s country (En el país de Dios). A partir de ahí el grupo irlandés siempre ha compuesto temas religiosos como God part II (Dios parte II, 1988), If God Will Send his Angels (Si Dios enviara sus ángeles, 1997), Peace on Earth (Paz en la tierra, 2000), Yahweh (2004) o The Miracle (2014). Esta lista no incluye frases alusivas a Dios de otras canciones que merecerían un estudio más detenido.

Voy a comenzar por esta canción algo ya antigua pero quizás una de las más conocidas de la banda, nº1 de las listas americanas con un claro toque Gospel en su ritmo. Quedan pendientes comentar el resto de canciones, lo que haré cuando el tiempo y mis quehaceres diarios lo permitan.

El sencillo que hoy analizamos habla de la búsqueda de la esencia de la vida, la felicidad, buscada en las partes más diversas: la Naturaleza, la ciudad, el amor, la tentación y finalmente la religión. En ninguna de ellas -ni siquiera en la religión cristiana terrenal- el cantante afirma encontrar lo que está buscando, que queda pendiente para el Juicio Final. Bono confiesa fuertemente su fe cristiana en esta canción, pero aparentemente tampoco aquí encuentra el sentido de la vida... ¿Por qué?

Como casi todas las grandes letras, el autor no ha querido desvelar el sentido definitivo de la misma, lo que hace que quede abierta a la interpretación del oyente y de los estudiosos de sus temas. Para mi gusto, la explicación más convincente es que la felicidad nunca se puede alcanzar en plenitud en esta vida, por lo que quedaría recogida en esta canción la intuición de San Agustín en sus Confesiones:


"De ti proviene esta atracción a tu alabanza, porque nos has hecho para ti,
y nuestro corazón no halla sosiego hasta que no descansa en ti.”.


Nuestro corazón no alcanza la felicidad que tanto ansía en ninguna cosa terrenal, ni siquiera en los acercamientos terrenos a la divinidad que pueda proporcionarnos la experiencia religiosa. El amor de Dios es de tal calibre que no podremos sentirlo en plenitud hasta el Fin de los Tiempos, en el que nuestro corazón descansará tras su encuentro con Dios.

Sea como fuere, la canción es de tal belleza y de tal profundidad que merece la pena ser escuchada una y otra vez, a lo que os invito facilitándoos el enlace y la letra traducida:



I have climbed highest mountain
I have run through the fields
Only to be with you
Only to be with you

I have run
I have crawled
I have scaled these city walls
These city walls
Only to be with you

But I still haven't found what I'm looking for
But I still haven't found what I'm looking for



I have kissed honey lips
Felt the healing in her fingertips
It burned like fire
This burning desire


I have spoke with the tongue of angels
I have held the hand of a devil
It was warm in the night
I was cold as a stone


But I still haven't found what I'm looking for
But I still haven't found what I'm looking for



I believe in the Kingdom Come
Then all the colors will bleed into one
Bleed into one
Well yes I'm still running


You broke the bonds and you
Loosed the chains
Carried the cross
Of my shame
Of my shame
You know I believed it

But I still haven't found what I'm looking for But I still haven't found what I'm looking for But I still haven't found what I'm lookin for But I still haven't found what I'm looking for...

He escalado las más altas montañas 
He corrido a través de los campos 
Sólo para estar contigo 
Sólo para estar contigo 

He corrido, 
me he arrastrado 
He trepado los muros de esta ciudad, 
los muros de esta ciudad 
Sólo para estar contigo

Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando 
Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando 

He besado labios de miel 
He sentido la curación en la yema de sus dedos 
Ardía como fuego 
Este deseo ardiente 

He hablado con la lengua de los ángeles 
He tomado la mano del diablo 
Era cálida en la noche 
Yo estaba frío como una roca 


Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando 
Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando 

Creo en el Juicio Final 
Cuando todos los colores se fundan en uno 
se fundan en uno
Pues sí, yo todavía estoy corriendo 


Tú rompiste las ataduras 
Tú soltaste las cadenas 
Tú cargaste la cruz 
de mi vergüenza 
de mi vergüenza 
Tú sabes que yo lo creí

Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando 
Pero todavía no he encontrado 
lo que estoy buscando

lunes, 24 de junio de 2024

Escucha Israel: El Deuteronomio

El Deuteronomio (segunda ley) contiene una de las confesiones de fe más repetidas a lo largo de la historia. Se trata de un libro -como su propio nombre indica- lleno de preceptos y leyes, con un contenido espiritual menos relevante para un cristiano que para un judío. Pero esta confesión mosaica del único Dios sí es digna de ser subrayada en el texto sagrado. Es conocida con su nombre hebreo, más o menos, "Shemá Israel Adonai":

Deuteronomio 6, 4-9: 

"Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Graba en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Incúlcalas a tus hijos, y háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas de viaje, al acostarte y al levantarte. Átalas a tu mano como un signo, y que estén como una marca sobre tu frente. Escríbelas en las puertas de tu casa y en sus postes".

sábado, 2 de enero de 2021

Lourdes (Austria, 2009)

Empiezo el año comentando una película algo diversa. Como ya he indicado en otras entradas, respecto al Cine soy una persona de mentalidad bastante abierta que no me conformo con ver cine estrictamente religioso desde un punto de vista apologético. Junto a este cine más ortodoxo, coexiste otro tipo de cine que podríamos llamar satírico, que tiene por objetivo cuestionar la religión o la fe de manera más o menos directa. Un ejemplo de ello -ya comentada en este Blog- puede ser "Camino", una película que en apariencia es inocua pero que soterradamente destila una enorme corrosividad hacía el elemento religioso.

Lourdes, sin ser tan perniciosa como Camino, se podría encuadrar en este tipo de películas que cuestionan la fe y su autenticidad. Su acercamiento a la temática religiosa se produce desde la ironía o el sarcasmo, eso sí, sin llegar a ser irreverente ni provocar el rechazo directo del espectador, quien no llega nunca a sentirse ofendido de manera directa por el film.

La cinta de Jessica Hausner va planteando temas interesantes de una manera sosegada. La primera hora de la película transcurre sin mucha acción, simplemente vamos conociendo el ambiente religioso de Lourdes como santuario mariano católico y a los componentes de una peregrinación religiosa. Se suceden actos religiosos, bendiciones, misas, confesiones, oraciones, vigilias... Los enfermos, acompañantes, el sacerdote, los voluntarios... van apareciendo con características bastante estereotipadas pero creíbles en su conjunto. Vemos como en este grupo se juntan muchos intereses, que ven desde la búsqueda de un milagro físico (una madre con su hijo) hasta voluntarios que buscan conocer gente "para lo que surja". No faltan personas cuyo único interés es el turismo, otras que van poniendo muescas a sus listas de peregrinaciones como si fueran una colección de lugares sagrados, e incluso un ateo que no busca nada. Precisamente este personaje es el único que abiertamente critica la fe, con un chiste de dudoso gusto pero ingenioso. El sacerdote que dirige la peregrinación aparece como alguien que tiene respuestas "de manual" para todas las preguntas, aunque muchas veces esas respuestas no satisfacen las inquietudes de quienes la realizan. Su labor se basa en saberlo todo -o aparentarlo- y cumple con ella a la perfección. En las religiosas y voluntarias (confusas bajo mi punto de vista, pues todas visten igual) encontramos también variedad de posturas, desde aquella que se toma tan en serio su labor que sufre un infarto, como otras que son capaces de abandonar a un enfermo por buscar su interés personal. No faltan un par de típicas "beatas" que todo lo tienen que comentar o criticar, viviendo más pendientes de las vidas de los demás que de las suyas propias.

En este contexto se produce un milagro, la curación de una muchacha discapacitada (Christine) ante el asombro de sus compañeros de peregrinación. Es entonces cuando podemos apreciar las diferentes posiciones ante ese suceso: la explicación que no aclara nada del sacerdote, la fe o la incredulidad de los testigos y la incomprensión de la propia protagonista, que no entiende porqué ella se cura y otras personas no. A partir de entonces, el sacerdote que ha ignorado a la muchacha asume el cuidado de la misma. La protagonista descubre nuevas posibilidades vitales, la apertura al amor y a la normalidad. El resto se debate entre la admiración y la suspicacia.

La crítica la encontramos por todos lados. En las respuestas vacías de contenido del sacerdote, en los cuestionables motivos de los peregrinos, en el exceso de tiendas de souvenirs que vemos constantemente en el film o en un detalle que no pasa desapercibido: en la peregrinación se produce un revuelo por un posible milagro pero a nadie parece preocuparle que una de las cuidadoras sufra un infarto y su vida esté en serio peligro, detalle este que nadie interpreta como un designio divino.


A nivel de llamada a la reflexión me parece muy sugerente una pregunta del ateo al sacerdote. "¿Usted cree que Dios es todo bondad o todopoderoso?". El personaje le cuestiona que si es todo bondad no entiende porqué permite tanto sufrimiento, y si es todopoderoso tampoco entiende porqué no lo elimina. En otro momento se le pregunta al sacerdote porqué Dios cura a unos enfermos y a otros no. Esta arbitrariedad y posible "injusticia" en el obrar divino atraviesa trasversalmente la película y ciertamente me parece un elemento de reflexión bastante válido. 

La película, al ser corta (95 minutos) no aburre. Distrae y te hace reflexionar sobre la temática religiosa, lo cual ya es mucho en los tiempos que corren. Merece un visionado reposado.

lunes, 27 de enero de 2025

Que baje Dios y lo vea (España, 2018)

El otro día tuve la oportunidad de ver en televisión esta comedia española ambientada en un contexto religioso, concretamente en una mezcla de un convento-seminario. Últimamente el cine español no es muy prolijo en comedias con personajes creyentes, y me ha sorprendido gratamente no haber encontrado en ella elementos excesivamente ofensivos, si bien como veremos en el análisis posterior hay una crítica soterrada a una parte importante de la jerarquía (no se podía esperar otra cosa conociendo la mentalidad actual de los productores...) No obstante, y antes de pasar a la crítica en sí, es justo reconocer que tiene bastantes cosas aprovechables y transmite una cierta bondad hacía la vida consagrada tanto de los religiosos consagrados como de la mayoría de los sacerdotes que aparecen. En ese sentido es bastante parecida a la ya comentada aquí Llenos de gracia, protagonizada por Carmen Machi.

Vamos primero con algunos datos técnicos. Se trata de la opera prima del director Curro Velázquez (desde ese año y hasta la fecha solo ha dirigido otra película más, también en clave de humor, Cuerpo escombro) quien se puede considerar un destacado guionista español de comedias en la última década. En el reparto encontramos muchas caras conocidas del panorama cinematográfico actual patrio, como Karra Elejalde, Alain Hernández, 'El Langui', Macarena García o Tito Valverde. Un reparto de garantías, al menos de entretenimiento y profesionalidad.

Vamos con el argumento. Los monjes de San Teodosio viven una acuciante crisis económica debido a las escasas ventas de su dulce típico (las perrunillas) y parecen estar abocados a tener que vender el monasterio para ser convertido en un Parador turístico. Al monasterio llega Salva, un sacerdote-misionero castigado por su obispo, quien propone crear un equipo de fútbol y ganar una competición internacional (la “Champions Clerum”) para resolver la economía del convento. Para ello tendrá primero que convencer al prior, el Padre Munilla y posteriormente luchar contra las ansias de poder de su obispo y del cardenal Gondolieri.  

El análisis espiritual lo voy a dividir en tres partes. 

En primer lugar, todo el contexto es religioso, por lo que el film está plagado de frases y referencias directamente relacionadas con la religión, el cristianismo y, especialmente, la vida consagrada. Desgraciadamente vivimos en una sociedad donde la cultura religiosa (hablo de culturilla general, no de Teología) se está perdiendo, por lo que dudo mucho que gran parte de los espectadores comprendan muchas de las palabras empleadas en el guion. Otras si forman parte aún del acervo cultural de la lengua española, por lo que en general se entiende su significado por el contexto. Algunas frases que me han resultado graciosas, interesantes o relevantes por algún motivo y que merecen un apunte las reflejo a continuación:

Ramón: "La gomina multiplica ciento por ciento el pecado de la vanidad". La vanidad -o soberbia- es uno de los 7 pecados capitales, junto a ira, pereza, lujuria, gula, envidia y avaricia.

Vendedor: "Ave María, purísima, le traigo una sorpresa"

Vendedor: "Pruebe, Padre. Álcelo, álcelo y consagre". En esta escena hay un fallo litúrgico, pues el vendedor llama cáliz a lo que en realidad es un copón, que se diferencia del primero en que lleva una tapa y sirve para reservar las hostias consagradas, no para consagrar la Sangre de Cristo.

Munilla: "El padre Antoñanza lleva 20 años de absoluto voto de silencio". Se trata de un voto que solo realizan algunas órdenes (como cartujos o trapenses). El resto de votos (pobreza, castidad y obediencia) lo hacen todos los frailes y monjas.

Padre Munilla: "Padre, perdónale porque no sabe lo que hace". Frase casi idéntica a la de Jesucristo en la cruz cuando Salva roba el Papamóvil para ir en busca del equipo, que se he metido en problemas en un pub de Roma

Salva: "Osea, Jesús será nuestro Salvador". Esta es una ingeniosa frase, ya que Jesús Heredia es un gitano evangélico fichado como goleador para el equipo católico. Aquí la película presenta un error teológico, pues es bautizado en el vestuario, mientras que en la vida real, no es necesario pues el sacramento del Bautismo está reconocido entre todas las confesiones cristianas (católicos, ortodoxos y protestantes) según el número 869.2 del Código de Derecho Canónico.

Salva: "Así como en Pentecostés se obró el milagro de la aparición del Espíritu Santo, esta jugada lleva incorporada su propio milagro". La jugada que resuelve la final lleva por nombre la fiesta de Pentecostés, celebrada 50 días después de la resurrección de Jesucristo, con la que termina el tiempo de Pascua

El segundo tema que me parece interesante resaltar es el de la vocación. Aparece la vocación misionera (Salva), las dudas vocacionales (Simón) y las ansías de poder de la jerarquía. Esto último lo dejamos para el tercer punto, me centro en las dos primeras. Salva es el típico misionero que antepone la caridad a las reglas establecidas, mientras que Simón es un monje enamorado de Sara que tendrá que dilucidar si quiere seguir en el Monasterio o comenzar una nueva vida. El tema está tratado con mucho respeto y veracidad. Más allá del desenlace final, me parece muy esclarecedor este consejo que otro fraile le da a Simón cuando se prepara para una cita con Sara

Ramón: "Donde hay verdadera vocación, no hay tentación que valga"

Vamos con el tema menos agradable. Las personas que ostentan una cierta responsabilidad -el prior Munilla, el obispo y el Cardenal Gondolieri- (dudo mucho que el público en general sepa distinguir la función de cada uno...) son en general bastante intransigentes, interesados, egoístas y su único interés parece ser escalar en la jerarquía. Solo el prior cambia esta postura a lo largo del film, por lo que los otros dos siguen encasillados en ese tópico, que transmite la idea de una Iglesia corrupta en sus mandatarios. 

En esta frase en la que el obispo en complicidad con el cardenal intentan sobornar al prior para que pierda el partido final se resume ese pensamiento:

Obispo: "Nadie gana a la selección del Papa. Lo de David y Goliat está muy bien para los sermones, pero nada más"

Como apunte anecdótico, de manera marginal aparece la figura del Papa Francisco. Nunca le vemos la cara, aparece su coche (Papamóvil), o de espaldas, hablando por teléfono. También el Padre Munilla habla de él cuando aclara que es el único en la Iglesia que nunca se equivoca (Dogma de la Infalibilidad). Estas frases resumen la intervención del Papa en el film:

Munilla: ¿El obispo?. El Papa. El Papa es infalible. El obispo no. Ahora si me disculpan tengo muchas cosas que hacer"

"Buenas noches, santidad". El Papa viene del cuarto de baño, quizás es una escena que se podría haber evitado, aunque también transmite una realidad: el Papa es una persona con las mismas necesidades que cualquier otro...

"En unos días sabrán de qué les hablo. Confíen en mí, no están solos. Gracias por las perrunillas...". Conversación telefónica al final del film, transmitiendo una imagen de un Papa cercano y colaborador.

En resumen, una película entretenida para conocer mejor cuestiones elementales de la vida religiosa consagrada y jerárquicas, con toques de humor bastante acertados y en general respetuosos, y algunos temas profundos y trascendentales que son tratados de una forma bastante superficial, que, por otra parte, es lo normal en una comedia. Recomendable, sí. Pero tampoco para perder la cabeza. 

domingo, 31 de diciembre de 2006

No os metáis con mi Madre

Termino el año con un post tan desagradable como necesario. Últimamente proliferan en los periódicos columnistas de pacotilla que sin estar informados hablan de religión y de Iglesia a su antojo. El fenómeno no es nuevo, pero en el último Arcos Información podéis leer dos columnas tan erróneas en su contenido como injustas en las formas. Por ello, he tenido que escribir la respuesta que a continuación reproduzco y que espero sea publicada por el mismo medio este jueves. Creo también, para aquellos que no tengáis acceso a ambas columnas, que se entienden los ataques por mis respuestas. También sé que me expongo a que me tachen de político, incluso de facha. No me importa, ya que no lo soy; pero estos dos señores han atacado perversamente a la Iglesia (que es mi madre) y yo como buen hijo la tengo que defender me cueste lo que me cueste. Ahí va el artículo:

"Leo en el último Arcos Información dos columnas que me producen naúseas, las del sr. Antonio Jiménez y la del sr. Luciano Lozano. Después de tomar un poco de primperan para calmar las fatigas producidas por la lectura de los mismos, me dispongo a darles la necesaria réplica.

En primer lugar, decirles que al hablar de religión se han metido en tremendos charcos de los que no saben salir. A mí me pasaría igual si escribiera de física cuántica o de literatura árabe, como no tengo ni idea de esos temas, metería la pata hasta el fondo. Por ello le recomiendo a ambos que antes de escribir de lo que no saben cuenten hasta diez, se lo piensen mejor y hablen de temas más intrascendentes como el fútbol, los toros, el tabaco o la comida basura. Hay miles de temas de los que opinar sin estar necesariamente informado de los mismos. Pero para hablar de religión, es preciso hacer algo más que leerse “El Código da Vinci”. Yo estudié 8 años y aún tengo lagunas en algunos temas. Sin embargo, estos dos señores, en un tema que les sobrepasa hasta límites insospechados dogmatizan en todo como si estuvieran en posesión de la misma verdad absoluta que le critican a la jerarquía eclesiástica…

Vamos por partes, que hay para ambos…

Al artículo Laicistas y Católicos”, del sr. Jiménez:

1. El debate sobre un estado laico no lo han inventado los obispos, sino el partido actualmente en el gobierno. Todos éramos felices con la definición de España en la constitución como estado aconfesional, pero son los poderes ideológicos de los medios de comunicación actuales los que prefieren cambiar esa definición (igual que ya han hecho con los términos “nación” o “matrimonio”) por la de estado laicista. La diferencia esencial es que la aconfesionalidad respeta todas las confesiones religiosas, mientras que el laicismo reduce las mismas a meras supersticiones, como vd. malintencionadamente y citando a Russell cierra su artículo.

2. Dicho laicismo lleva a las agresiones que hemos contemplado estas Navidades: Una directora de Málaga, en nombre del laicismo, tiró a la basura un belén montado por la profesora y los alumnos de religión con el respaldo de la Junta de Andalucía. Un director de un colegio de Zaragoza, abanderado también del laicismo, prohibió los Villancicos por ser propaganda religiosa. ¿Eso es respeto a la minoría u odio a las tradiciones cristianas?

3. El laicismo pretende sustituir la formación religiosa de los colegios por una “Educación para la Ciudadanía”. Eso no lo ha inventado el PSOE; en España lo inventó Franco, se llamaba “Formación en el Espíritu Nacional” y es propio de todos los regímenes totalitarios, los de derecha y los de izquierda… Ahora, en vez de cantar el “Cara al Sol” como antaño, habrá que cantar el “Himno de Andalucía” (el de España no, porque suena a facha…), estudiar la biografía de Blas Infante, entender España como un Estado plurinacional y no sé cuantas chorradas más…

Al artículo “Obispos contra el Gobierno”, del sr. Lozano:

1. Habla vd. del “acoso de la jerarquía eclesiástica contra el gobierno central”, dice que la Iglesia “se sienten perseguida y nadie les ataca”. Por favor, acláreme en que casos concretos la Iglesia se equivoca:

- ¿En el de proteger los términos “familia” y “matrimonio” de su acepción lingüística comúnmente aceptada hasta que una facción filo-masónica entró en el gobierno?

- ¿El de defender el respeto a la vida condenando el aborto, la eutanasia o que una pareja del mismo sexo no pueda adoptar niños?

- ¿El de defender una educación religiosa frente a una “Educación para la ciudadanía” en la que no se sabe bien quien impondrá su doctrina?

- ¿La de defender que el clero (que ahorra al Estado mas de 600 millones de € al año a través de organismos como Manos Unidas, Cáritas…etc) obtenga una subvención del mismo modo que la obtienen, por citar algunos, el “Colectivo de Gays y Lesbianas”, “Ecologistas en Acción”, “Payasos sin Fronteras”, o “Salvemos las Nutrias y las Focas Árticas”, que no ahorran al Estado un solo céntimo?

Puede que no nos quemen Iglesias o no nos asesinen como en tiempos de la República, pero no me negará vd. que no paran de meternos el dedo en el ojo…

2. Dice vd. que la Iglesia considera inmoral el matrimonio entre personas del mismo sexo… amigo, aquí patina vd. bastante… el término moral se refiere a convicciones religiosas cristianas y por supuesto que la Iglesia lo considera inmoral…¿O también quiere vd. cambiar la moral de la Iglesia? Hable vd. de ético o no ético y no meterá tanto la pata…

3. Dice vd. que la Iglesia se opone a la Ley de Memoria Histórica. Falso también. Se opone a la manipulación de la Memoria histórica que algunos quieren hacer. La Iglesia no tiene nada que perder al hablar de la Guerra Civil, pues sin disparar un sólo tiro perdió a más de 20.000 (entre obispos, sacerdotes, religiosos/as y seminaristas). Vd., malintencionadamente o por ignorancia mete a la Iglesia en el bando nacional, pero estas personas murieron mártires sin ejercer la violencia (cosa que no podemos decir del Frente Nacional, pero tampoco del Republicano -cuestión que hoy tiende a olvidarse con suma facilidad-…)

4. Habla de que Franco iba “bajo Palio”. Yo no digo que Franco fuera bueno (como todo dictador de derecha o de izquierda fue un sanguinario), pero con los datos anteriormente expuestos hasta un niño de cinco años puede sacar la siguiente conclusión: De haber triunfado la República, alentada por socialistas, comunistas y anarquistas, el futuro de la Iglesia en España hubiera sido el mismo que el de las Iglesias de la extinta URRS. ¿Recuperamos también la memoria histórica del Telón de Acero…? Allí se calculan en más de medio millón de personas los eclesiásticos exterminados o deportados a trabajos forzados en Siberia… Yo no digo que hubiera que sacarlo bajo palio, pero si que nos libró de una buena…

5. Por último, miente vd. de nuevo (o está malinformado, que viene a ser lo mismo…) cuando dice que la Iglesia no condenó la guerra de Irak. Revise las hemerotecas de la Conferencia Episcopal Española y del Magisterio de Juan Pablo II y no calumnie más, por favor… A nivel local, Monseñor del Río escribió una preciosa carta pastoral “Vientos de Paz” al respecto (se la puedo facilitar si vd. lo desea) y tres sacerdotes de Arcos fuimos en la manifestación contra la guerra que comenzó en la Plaza del Cabildo. Vd. no se informa, sino que deforma la realidad a su antojo. La Iglesia condena toda guerra, no solo la tan politizada de Irak, sino también la de Afganistán, la de Liberia, la de Chechenia, la de Zaire, la del Congo, la de Haití y todas aquellas que no tienen repercusión en los medios de comunicación de PRISA.

Esperando su pronta rectificación pública, o lo que sería mejor, que ninguno de los dos escriba más sin informarse del tema religioso, les mando a todos los lectores de Arcos Información mi felicitación navideña."

lunes, 22 de octubre de 2012

Un ejemplo actual de fe: Nicola Leggrotaglie

Los que me conocéis sabéis de mi pasión por el fútbol como mi hobby favorito. Me encanta jugarlo (aunque los años no pasan en vano…) verlo y escuchar todo lo relacionado con este deporte. 

Sin embargo, el deporte en general y el fútbol en particular es un mundo donde parece que Dios está ausente. Cierto, muchos futbolistas se santiguan al saltar al terreno de juego, o al marcar un gol, pero lo hacen más como un gesto supersticioso o automático que como un acto religioso en sí. Miradas al Cielo, dedos que apuntan a lo alto, dedicatorias a seres queridos difuntos… hacen que al menos algunas reminiscencias cristianas queden cuando uno ve un partido por televisión. Menos es nada, pero ciertamente son pocas las estrellas del fútbol que confiesan su fe en Dios y en Cristo. Hace unos años escribí acerca de Kaká, hoy lo hago de un jugador italiano: Nicola Leggrotaglie. Desgraciadamente ninguno de los dos es católico, aunque sí cristianos evangelistas. Haremos hoy un paréntesis ecuménico para alabar a estos hermanos cristianos nuestros. Ojalá sus ejemplos y sus testimonios sean estímulo para que otras muchas estrellas (no podemos olvidar que son referentes éticos y morales para nuestros jóvenes) hagan pública su fe y la defensa de los valores cristianos.

Como os comento, en este desierto espiritual me ha llamado mucho la atención la “confesión” pública de fe que ha realizado este jugador internacional italiano, quien no se ha cortado un pelo a la hora de conceder una entrevista e incluso de publicar dos libros para explicar su cambio de vida: Ho fatto una promessa (He hecho una promesa) y Cento volte tanto (más de cien veces). Nicola tiene ahora 36 años, ha sido 17 veces internacional con la selección italiana y ha jugado en equipos como el A.C. Milán o la Juventus de Turín. Actualmente juega en el Catania de la Serie A (1ª División) italiana. 

De su etapa en la Juve destaca: “Tenía veintipocos años pero estaba vacío por dentro. Salía con mis compañeros de equipo por las noches, iba a las fiestas, tenía fama, dinero, éxito con las chicas... pero, una vez que volvía a casa, me preguntaba: ¿qué me ha quedado de esta noche?... Estaba viviendo el sueño de mi vida, había trabajado toda mi vida para llegar ahí... Y, sin embargo, me sentía solo"

Nicola Reconoce que en esta época de su vida llegó a convertirse en un auténtico adicto al sexo: "Toqué fondo humanamente hablando. Todas las semanas estaba con alguna distinta. Veía a una mujer y la deseaba sexualmente. Después, sin embargo, cuando ya la había conseguido, no me preocupaba lo más mínimo por ella y esto me hacía sentirme mal, pero era como si no pudiera evitarlo". 

A raíz de las conversaciones con un compañero, Tomás Guzmán, y con la esposa de éste, tuvo un acercamiento más profundo a Dios y a la Religión Cristiana. "Ahora por las noches quedo con un grupo de amigos de Turín a leer la Biblia, organizamos cenas en una pizzería o en casa, incluso cantamos y lo pasamos genial…" Está soltero y vive en castidad: "Sé que Dios ha elegido para mí la persona justa, estoy solamente esperándola. Un día Dios me hará ver que ésa es la mujer justa para mi. Dios me está dando serenidad para afrontar de la mejor manera posible estos años de mi vida. Me arrepiento de parte de mi pasado pero sé que Dios es un Padre bueno que perdona siempre".

Lo dicho, vaya ejemplo de fe cristiana y que sabiduría se encierra en una persona que ha descubierto que lo material no puede dar la felicidad, que hay otros valores espirituales que son los únicos que pueden llenar el corazón de una persona. Su ejemplo (salvando las distancias y la época...) recuerda a la conversión de San Agustín, quien paso de dar culto al mundo a dar su vida por Dios y por el Evangelio como nos narra en sus Confesiones: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Pero tú me llamaste y clamaste hasta romper finalmente mi sordera. Con tu fulgor espléndido pusiste en fuga mi ceguera. Tu fragancia penetró en mi respiración y ahora suspiro por ti. Gusté tu sabor y por eso ahora tengo más hambre y más sed de ese gusto. Me tocaste y con tu tacto me encendiste en tu paz”.  

Que alegría ver que siglos más tarde Dios sigue tocando el corazón de las personas, y que alegría ver que dan testimonio y lo comparten con los demás...

lunes, 2 de noviembre de 2015

Una reflexión sobre las clases de Religión

Como profesor de Religión me veo obligado a escribir esta entrada en defensa de la Asignatura. Una asignatura que parece tener sus días contados en España, ya que tres de los cuatro grandes partidos políticos de nuestro país (PSOE, Ciudadanos y Podemos) se han mostrado partidarios de suprimir esta asignatura del Curriculum en la siguiente legislatura. Solo un partido (PP) tiene intención de mantenerla en el caso de seguir en el Gobierno. Con este panorama, y viendo los posibles pactos que se puedan alcanzar el 20-12-15, parece que este puede ser el último -todo lo más penúltimo- curso de Religión.


Lo primero que habría que analizar es la situación de la Asignatura en Europa. La Religión es obligatoria con el mismo valor que el resto de las asignaturas en el Reino Unido, Grecia, Finlandia (país que por cierto ocupa siempre el ranking nº1 en los informes pisa de Educación en Europa), Austria, Chipre, Dinamarca, Irlanda, Malta, Noruega, Rumanía, Suecia y Suiza . Es opcional con efectos académicos en Alemania, Bélgica, Polonia y España; mientras que es facultativa sin que la nota cuente para la media en Portugal, Italia, Croacia, Eslovaquia, Holanda, Hungría, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Rusia y Ucrania. Solo hay tres países europeos donde no se dan clases de Religión: Bulgaria, Francia y República Checa. España puede ser el cuarto.

Desde la entrada en vigor en nuestro país de la LOMCE el curso pasado, el alumno que libremente escoge la asignatura de Religión es evaluado de ella, mientras que el que opta por una Alternativa es igualmente evaluado de la asignatura que escoja. Hasta hace unos años, no existía obligación de cursar ninguna alternativa, lo que provocaba una desbandada de las clases Religión (la elección era Religión o nada, y los alumnos no son tontos) que era esgrimida por los detractores de la asignatura como una muestra clara de la falta de interés por la asignatura. Hubiera sido interesante realizar un experimento y ofrecer la misma alternativa (ninguna) a otra asignatura (Matemáticas, por ejemplo) a ver cuantos alumnos responsables seguían matriculados en Matemáticas y cuantos optaban por tomarse una hora libre en el patio, en la Biblioteca o en las pistas deportivas. A lo mejor los números sorprendían a más de uno.

Vayamos ahora al contenido. Desde hace muchos años, en España los temarios vienen dados por la Conferencia Episcopal Española en el caso de la Religión Católica, o por entidades musulmanas, judías o evangélicas en el caso de alumnos de otras religiones. Se acusa por ello desde diferentes frentes a la asignatura de Religión de ser un adoctrinamiento paralelo a la labor de la Iglesia. Ello es absolutamente falso por lo que a mi respecta y a los libros de texto que debido a mi profesión he tenido en mis manos. En la clase de Religión se trabajan contenidos teóricos, históricos, Bíblicos, artísticos y en cierta manera filosóficos o existenciales. De la misma manera se pretende del alumno que adquiera valores universales como la paz, el respeto, la solidaridad, el perdón.. etc. La transmisión de la fe, la enseñanza de la oración, y la preparación a la recepción de los Sacramentos tiene su ámbito propio de trabajo en la Catequesis. Por poner un ejemplo simbólico podríamos decir que la Religión incide más en la cabeza del niño-joven mientras que las catequesis atañen más a su corazón. Cada una tiene su espacio y ambas son complementarias. 

Se acercan tiempos duros para la Religión. El laicismo que se proclama a los cuatro vientos como la panacea de las libertades no está recogido en nuestra Constitución. El artículo 16 de la misma deja muy claro que "Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.". Todos aquellos que quieren arrinconar la fe y la dimensión religiosa de los españoles a la esfera de lo privado están vulnerando este artículo. Claro que poco apoyo ofrece la Carta Magna de los españoles cuando sistemáticamente está siendo violada en unos artículos e ignorada en otros.

No solo las clases de Religión están en entredicho. Es únicamente la punta del iceberg. La presencia de sacerdotes en hospitales, cárceles y cementerios está siendo cuestionada. Las manifestaciones públicas de la fe están en entredicho. Los símbolos religiosos están desapareciendo (los que quedaban) de los espacios públicos. Las celebraciones patronales están siendo suprimidas en muchos Ayuntamientos. Se le reclama a la Iglesia el pago del IBI pero no a los partidos políticos, sindicatos u ONG´s. Todo ello en defensa de los derechos y libertades de una minoría a la que nadie planta cara y que cuenta con el beneplácito del silencio cómplice de quienes consumen sacramentos pero no están evangelizados. España está apostatando silenciosamente ante la indiferencia generalizada de quienes deberían defender una fe heredada durante siglos. Mucho me temo que o la Iglesia reacciona o de aquí a unos años tendremos una Religión postergada a las sacristías, si es que quedan sacristías y no han sido expropiadas...

Os dejo este vídeo sobre las clases de Religión que es sencillamente genial. Me lo ha pasado mi compañero de trabajo Juanjo, jefe del Departamento de Ciencias. Para que digan que fe y Ciencia son incompatibles...


martes, 22 de mayo de 2007

Primeras Comuniones

Ántes que nada, pediros disculpas por haberme ausentado y dejaros "huérfanos" de comentarios espirituales. La actualidad manda, y este mes de mayo es el mes de las comuniones por antonomasia. Renovaciones del Bautismo, confesiones, ensayos y, por fin, las celebraciones litúrgicas (a caballo entre lo espiritual y lo social) me han dejado para el arrastre.

A propósito de ello os lanzo algunas preguntas profundas: ¿Que queda en los niños después de dos años de preparación?, ¿Qué buscan los padres cuando van a apuntar a sus niños?, ¿Sabe un niño distinguir entre el pan y el Cuerpo de Cristo?, ¿Como podríamos hacer más serias las celebraciones de las comuniones?... Por otro lado también, entre la ironía y la pena, comparto con vosotros otras preguntas más jocosas: ¿Por qué la gente va a la Iglesia en vez de ir directamente al convite?, ¿Por qué no apagan los móviles o en su defecto los ponen en el vibrador?, ¿Dónde regalan las cámaras que todo el mundo lleva a las comuniones?, ¿Alguien tiene estómago para ver un vídeo de una primera comunión?, ¿Por qué las mujeres van tan ligeritas de ropa aunque haga frío?, ¿Por que los niños van de marinerito si en el lago de Arcos no caben buques?, ¿Por que las niñas se disfrazan de princesas si en el castillo de la Plaza del Cabildo no vive el rey?, ¿Por qué hay que darle de comer a 50-100 personas con todo el fasto del mundo cuando Cristo lo que predicó fue la austeridad?...

Conste que yo me divierto con los niños, lo pasó bien y no me altero en exceso en el maremagnum de las misas, pero eso no quita que sea crítico y reconozca que hay mucha paja que barrer en este circo de las comuniones...

Comentemos, que aquí seguro todos tenemos alguna sugerencia, crítica, opinión... etc.

viernes, 5 de enero de 2007

Hablemos del Islam

Tras mi compromiso de ayer de escribir acerca de la relación entre Islam y Cristianismo, me dispongo a esbozar algunos puntos que puedan suscitar un diálogo (espero que pacífico y fructífero) entre mis lectores.

Comienzo citando de nuevo el nº 3 de la declaración del Concilio Vaticano II “Nostra Aetate” sobre el dialogo interreligioso referido al Islam: “La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes, que adoran al único Dios… veneran a Jesús como profeta, aunque no lo reconocen como Dios; honran a María, su madre Virginal, y a veces la invocan también devotamente… el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando el pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”.

¿Qué nos une fundamentalmente a los cristianos con el Islam?

- El Monoteísmo: Ellos creen en Aláh y nosotros en el Padre de Jesús (En Arameo Elí, semánticamente muy parecidos… ) De hecho, la raíz “El” (Dios), se halla como prefijo o sufijo de infinitud de nombres judeocristianos: Elías, Eleazar, Elvira, Eladio, Elena, Elisa, Eloy, Daniel, Miguel, Rafael, Gabriel, Manuel, Natanael, Joel, Samuel, Noel, Raquel, Fidel, Isabel

- Las figuras de Jesús y María. Aunque rebajado en su divinidad, los musulmanes veneran a Jesús como el último profeta, y su madre María ¡sorpresa! es la única mujer citada por su nombre en el Corán (Maryam o SayyidaSeñora-, 34 veces). Ni siquiera Fátima, la hija predilecta de Mahoma, aparece mencionada por su nombre en el libro sagrado del Islam. Los musulmanes defienden la virginidad de María, siendo en este punto más semejantes a los católicos que confesiones cristianas como Anglicanos, Luteranos o Calvinistas, que niegan dicha concepción virginal…

- Algunos aspectos de la vida moral del Islam, como por ejemplo:

*La oración (Salat): 5 veces al día el musulmán debe rezar a Aláh. Los cristianos tenemos 7 momentos para alabar a Dios a través de la Liturgia de las Horas: Maitines, Laudes, Tercia, Sexta, Nona, Vísperas y Completas. Desgraciadamente, la oración en la Iglesia parece que se reduce a “curas y monjas”. Mucho tenemos que aprender de ellos en este campo…
*La limosna y el ayuno (Ramadán), la prohibición de comer carne… ¿No os recuerda a la Cuaresma? Ellos se privan un mes (durante el día, porque de noche se ponen púos)… ¿Y los cristianos, lo hacemos si quiera los viernes…?

¿Qué nos separa del Islam? (infinitud de cosas, esbozo unas cuantas…)

- Monoteísmo cerrado (Aláh) frente a Sagrada Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo)
- La encarnación de Jesús como Hijo de Dios. María como Madre de Dios.
- El Corán frente a la Biblia como libro sagrado
- La Guerra Santa frente al amor a los enemigos proclamado por Cristo.
- La noción de un más allá cuasi-terreno frente a la resurrección como comunión con Dios y los Santos.
- La obligación de peregrinar una vez a La Meca (ojala fuera obligatorio para los cristianos ir a Tierra Santa…).

Vaya por delante que el Islam no es un sistema cerrado, sino que se divide en miles de “sectas” (las más conocidas, suníes y shiítas) por lo que un diálogo serio no parece posible: ¿Quién se erige en portavoz del Islam?. Por otro lado está el problema de los fundamentalismos, la noción de la yihad, que impide al Islam convivir pacíficamente con otras religiones. Donde el Islam es mayoría, se acaban las demás religiones. El Islam sólo respeta cuando está en minoría, lo que dificulta todo tipo de convivencia. Los que hablan de Al-Andalus como sistema pacífico de convivencia ignoran (deliberadamente) los fuertes tributos económicos que había que pagar para ser respetado en tus creencias, así como que cristianos y judíos debían de vivir en guetos de los que no podían salir sin autorización…
En fin, que el diálogo es necesario pero difícil, no sé que pensaréis vosotros…

miércoles, 3 de julio de 2019

Santo Tomás Apóstol

La Iglesia celebra hoy uno de los 12 apóstoles de Jesús, concretamente a Santo Tomás (+72), apodado "dídimo", que quiere decir el mellizo. El Evangelista San Juan narra tres escenas de Santo Tomás, siendo la más conocida la aparición con Cristo resucitado en la que él no estuvo presente y la posterior reaparición para reafirmarlo en la fe. De ese diálogo sale una de las confesiones de fe más repetidas por los cristianos a lo largo de la historia: "Señor mío y Dios mío". Copio el relato completo de la aparición en Juan, 20, 24-29: 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» Le díce Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.»" 

Las otras dos aparaciones son menores pero no por ello menos importantes. En la primera de ellas, la mas antigua cronológicamente hablando (11,16) aparece como un discípulo valiente que responde así al anuncio de la muerte de Cristo en Jerusalén: "Tomás, llamado el Mellizo, dijo a los otros discípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él»". Un poco más adelante, sin embargo, aparece el Tomás dubitativo que refleja el primer texto expuesto: "Tomás le dijo: «Señor, no sabemos adónde vas. ¿Cómo vamos a conocer el camino?»" (San Juan, 14,5).

Recordamos por ello hoy una figura apasionante, mezcla de fe y dudas, ejemplo del discipulado y de sus diversas etapas. Según la tradición murió martirizado en India, hasta donde había llegado para evangelizar y fundar comunidades cristianas. 

martes, 23 de diciembre de 2008

Oración de San Agustín: Tarde te amé...

Durante estos cuatro domingos de Adviento he estado insistiendo en mis homilías –y en mis últimos posts- sobre lo imprescindible que resulta la esperanza para la vida del cristiano. Me parece justo coronar el nacimiento del niño incidiendo en el mismo tema.

A menudo asociamos la venida del Mesías a la llegada de muchos valores (paz, amor, justicia, perdón…) todos ellos necesarios, pero me parece que se nos vuelve a olvidar remarcar la esperanza. Sin esperanza todo es un sinsentido. No creo estar muy equivocado al afirmar que el aumento de las depresiones, angustias y ansiedades de nuestro mundo son directamente proporcionales a la disminución de la Esperanza en los corazones de los hombres.

Diariamente estamos sometidos a un goteo incesante de malas noticias. Crisis, paro, drogas, maltrato, guerras, hambre, terrorismo, violencia… son el “pan nuestro de cada día” de los telediarios. Lo bueno y lo noble no son noticia, no venden tanto como el morbo o las desgracias. Evidentemente no somos ajenos a ese bombardeo mediático. Por muchas corazas que nos pongamos y por mucha resistencia que opongamos la realidad se nos termina imponiendo; y de las rendijas de nuestros corazones brotan preguntas como: ¿Qué sentido tiene la existencia?, ¿Por qué existe tanto mal en el mundo?, ¿No somos solo reflejo de la nada, de lo insignificante en medio del absurdo?...

Es imposible vivir sin esperanza, y para acallar esos suspiros de nuestro corazón derrotado, a menudo nos buscamos pequeños mundos más habitables; nos refugiamos en castillos interiores donde al menos buscamos alcanzar metas más cercanas y accesibles. Y así, en ausencia de una esperanza trascendente, decidimos llenar nuestras vidas y nuestro tiempo de distracciones que si bien no nos conceden la felicidad sí nos proporcionan satisfacciones transitorias. Buscamos saciar nuestro apetito espiritual con meros objetos materiales. Y claro, así no se puede vivir. Lo único que conseguimos es desvirtuar nuestra razón de ser y añadir dosis más elevadas de ansiedad y melancolía. Ese es el prototipo de hombre que nuestra sociedad está creando. El hombre que vuelto de espaldas a Dios descubre que nada tiene sentido y que el fracaso es el fin último de la existencia.

No es esa la vida que Dios quiere para nosotros. Nuestro corazón, creado por Dios, sólo encuentra su sentido en Él. Hoy más que nunca tenemos que meditar y profundizar este texto bellísimo de Las Confesiones de San Agustín de Hipona que se comenta por sí solo. Os invito a que lo leáis con tranquilidad y hagáis un rato de oración serena con él.


“El hombre, parte de tu creación, desea alabarte;
el hombre, que arrastra consigo su condición mortal,
la convicción de su pecado, y la convicción de que tú resistes a los soberbios.
Y, con todo, el hombre, parte de tu creación, desea alabarte.
De ti proviene esta atracción a tu alabanza,
porque nos has hecho para ti,
y nuestro corazón no halla sosiego hasta que no descansa en ti.”
Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte.
¡Hermosura siempre antigua y siempre nueva,
demasiado tarde empecé a amarte!
Tú estabas conmigo y yo no estaba contigo.
Yo estaba lejos, corriendo detrás de la hermosura por Ti creada;
las cosas que habían recibido de Ti el ser, me mantenían lejos de Ti.
Pero tú me llamaste.
Me llamaste a gritos, y acabaste por vencer mi sordera.
Tú me iluminaste y tu luz acabó por penetrar en mis tinieblas.
Ahora que he gustado de tu suavidad estoy hambriento de Ti.
Me has tocado y mi corazón desea ardientemente tus abrazos.”

lunes, 20 de junio de 2022

El crimen del Padre Amaro (México, 2002)

En este Blog tienen cabidas todas las películas de temática religiosa. Casi siempre -porque aunque no lo parezca, abundan más- me centro en filmes que transmiten una buena imagen de la Iglesia Católica o de la fe, pero nunca he dudado a la hora de analizar títulos favorables a otras confesiones cristianas como en el caso de Lutero, o bien películas en las que la jerarquía eclesiástica sale mal parada, como AménThe Body o Stigmata; satíricas como La vida de Brian, o incluso ridiculizantes de la fe como Camino o Lourdes; controvertidas teológicamente como La Última Tentación de Cristo o con un mensaje moral diverso al cristiano como Priest. Creo que en esta última categoría es en la que hay que encuadrar la que hoy nos ocupa, El crimen del Padre Amaro. Como bien sabéis intento ser equilibrado y comedido en mis críticas, alabando lo bueno pero también denunciando lo que me parece injusto o mal realizado de una película, tanto a nivel artístico como a nivel del pensamiento que subyace en cada propuesta. No se puede perder la perspectiva de que en el fondo hablamos de algo secundario, el Cine, que no deja de ser un entretenimiento a la par que un suculento negocio, un submundo en el que entiendo que partidarios y detractores de la religión deben encontrar productos que quieren consumir y por el que están dispuestos a pagar el dinero de una entrada de Cine, de un DVD o de una cuota mensual en cualquier tele de pago. 

Hay que reconocer que la película que hoy comentamos fue un éxito de taquilla (con un presupuesto de apenas 2 millones de dólares consiguió recaudar casi 27) siendo en ese sentido hasta hace poco la película mexicana más taquillera de la historia. También fue bien recibida por la crítica, estando nominada al Oscar y a los Globos de Oro como mejor película extranjera, si bien finalmente las ganadoras fueron respectivamente la alemana En algún lugar de África y la francesa Balzac y la joven costurera china. Pero me parece que por la amplia repercusión en estos prestigiosos certámenes de EE.UU. -además de muchos más premios en México y en Europa- no debe ser tomada a la ligera y requiere por ello un comentario reposado.

Vamos pues con la película que tenemos entre manos, que recuerdo que fue todo un fenómeno mediático en 2002, el año de su estreno. Hasta entonces pocas personas se atrevían a realizar películas en los que la institución religiosa fuera puesta en entredicho, y mucho menos en un país como México, en el que la mayoría de las personas se declaraban creyentes, teniendo además un especial auge en aquellos años las tendencias ultra-conservadoras nacidas en ese país como los Legionarios de Cristo o la importada de Italia Comunión y Liberación, amén del clásico Opus Dei. Es cierto que en España estábamos más acostumbrados a los ataques -más o menos directos- a la Iglesia Católica desde la industria cinematográfica subvencionada por los partidos de izquierda, pero ciertamente una película con una crítica tan directa creo que aún no se había producido en nuestro país y habría que esperar hasta 2008 con la ya referida Camino para poder establecer una cierta comparación en la agresividad hacia la fe. Por mi parte recuerdo haberla visto por primera vez en Canal +, cadena que la promocionó a bombo y platillo fiel a los ideales liberales y anticlericales del grupo PRISA

La película -sin embargo- no tenía nada de novedosa, pues se basaba en una novela escrita en 1875 por el portugués José Maria de Eça de Queirós. Mirando la ficha técnica, vemos que a la postre el film se convertiría en el trabajo más conocido de Carlos Carrera, director mexicano que a pesar del éxito de este film no consiguió proyectarse internacionalmente y ha reducido su carrera a largometrajes y series de Tv mexicanos. En el reparto encontramos a un jovencísimo Gael García Bernal (uno de sus primeros largometrajes como actor principal), Ana Claudia Talancón (tras este trabajo únicamente ha destacado en el Cine mexicano), y el español Sancho Gracia (Aquí siempre será Curro Jiménez...).

El argumento se basa en la vida de Amaro, un joven sacerdote recién ordenado que recibe como primer destino el ser vicario parroquial del padre Benito en el pueblo de Los Reyes. Allí conoce y se enamora de Amelia, menor de edad, al tiempo que va descubriendo toda un mundo de corrupción al que era ajeno en su vida de seminario. La madre de Amelia, Agustina Sanjuanera, tiene una relación encubierta con el padre Benito, mientras que el padre Natalio, del pueblo vecino, está a favor de la Teología de la Liberación y enrolado clandestinamente en las guerrillas que combaten en el país. A ello se le suma una trama de narcotráfico de la que las autoridades eclesiales parecen ser cómplices a través del blanqueo de dinero. Amaro descubre que la jerarquía recibe cuantiosas donaciones empleadas en buenas obras, pero procedentes de dinero manchado de sangre. Poco a poco el padre Amaro se verá puesto entre la espada y la pared en todos estos temas, viéndose su celibato y su moralidad llevados al límite.

Viendo el argumento, se puede deducir que como plato fuerte la película busca intencionadamente alimentar el morbo de una relación sexual entre un sacerdote que ha realizado la promesa de celibato y una menor de edad. La inmoralidad y la falta de coherencia subyace por todas partes y se convierte así en el núcleo central de una historia de corrupción y de carencia de valores en las que ningún protagonista se salva. La mejor a nivel de dirección es la oscuridad general y la ausencia de colores vivos a lo largo de toda la historia y especialmente al final de la misma, que transmiten un clima de pesimismo vital, de amargura y desilusión en el que los protagonistas se hayan sumergidos. A nivel interpretativo me sorprende que la actriz elegida como adolescente tuviera 22 años y no 16, lo que visualmente resta algo de credibilidad a la película. Tampoco convence la inexpresividad de Gael García Bernal, que no responde a estar metido en el papel de un aturdido sacerdote sino a una carencia interpretativa en toda su filmografía. 

Dentro de la atracción mutua de la pareja, se nos presenta (supongo que será una visión machista para algunos, pero hay que recordad que la novela es de 1875) a Amelia como la que busca deliberadamente tentar al sacerdote. En una confesión le realiza estas tres declaraciones:

"Me acuso de ser muy sensual, padre".
"Me gusta besar a mi novio y tocarme".
"Mientras me estoy bañando me gusta sentir cómo cae el agua sobre mi cuerpo y me acaricio".

Todas estas afirmaciones podrían pasar desapercibidas si no se hubiera captado desde el principio una tensión sexual entre ambos que hace presagiar que el joven sacerdote terminará cediendo a la tentación manteniendo relaciones sexuales con la joven, de las que el film no deja lugar a la imaginación. El film tampoco está exento de ironía y sarcasmo. Este otro diálogo entre ambos protagonistas en una nueva confesión sacramental es un perfecto ejemplo de ello:

Padre Amaro: "Dime tus pecados, hija".
Amelia: "Ya los conoces. ¿Y los tuyos?"

Otra cosa que me llama la atención es que el director afirmara que no quería generalizar la situación del pecado sexual como algo estructural dentro la institución eclesial. Según él, su intención era más bien la de visibilizar el drama moral de una persona inicialmente buena pero que se a viendo involucrado en un comportamiento manifiestamente pecaminoso:

"No es una denuncia de la Iglesia Católica en conjunto, sino una mirada provocadora a lo que puede pasar cuando individuos decentes son seducidos por el poder de su posición".

En este caso no puedo estar de acuerdo con el director. Aunque la intención anterior sea cierta (solo él lo sabe), se echa en falta algún referente moral a lo largo del film. Todos los personajes que aparecen -y especialmente los religiosos- están corrompidos hasta el tuétano. Con ello se nos da la impresión de que el problema que refleja la película es estructural y no personal, a pesar de que el director manifestara lo contrario. No creo que la realidad de la Iglesia mexicana -ni de la de ningún país- no pueda aparecer ningún sacerdote íntegro frente a otros que dejen tanto que desear. 

Analizar el dilema moral del padre Amaro es quizás lo más interesante del film. Aunque finalmente queda caricaturizado, el proceso de drama interno que sufre es bastante sugerente. Un seminarista recién ordenado que en un escaso periodo de tiempo queda defraudado con el sacerdote que lo acoge, con la comunidad religiosa a la que acompaña y consigo mismo. Un hombre que es infiel a su promesa de celibato, que para más inri lo hace con una menor de edad, que no afronta sus responsabilidades tras las relaciones sexuales y que finalmente aboca a su amante a un aborto -y posterior muerte- no puede ser ejemplo para nadie. Por si fuera poco todo ello, finalmente oculta su participación en los hechos y culpa a otra persona de la muerte de Amelia. Pero es cierto que el contexto en el que todo ello va sucediendo es creíble y convincente, hasta tal punto que el padre Amaro parece en algunos momentos más una víctima que el verdadero culpable de la situación. El film nos hace ver que su verdadero pecado no es de tipo sexual, sino que su verdadera culpa radica en mantener una doble moral y anteponer sus intereses personales de poder y prestigio a las vidas de las personas que se relacionan con él. Sin embargo, me parece una oportunidad perdida no ahondar en el calvario interior que debe ser producido por los remordimientos de haber cometido actos de este tipo, a poco que a uno le quede algo de conciencia. En ese sentido su historia podría haber sido más rica en matices y haber tenido muchas lecturas, y no solo la de alguien rastrero, trepa, mezquino e hipócrita que es la que el film transmite de manera evidente.

Lejos de escandalizarnos, el filme debe hacernos reflexionar sobre una dura crítica de Jesucristo a los  dirigentes religiosos de su época. La encontramos en el Evangelio de San Mateo, capítulo 23 "En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar". En el fondo, han pasado los siglos pero la situación no ha cambiado tanto. El ministro de Dios es bienintencionado -no me cabe duda-, pero no deja de ser una persona con sus defectos y tentaciones, con sus debilidades y momentos de pecado. Cualquier persona puede actuar de manera equivocada -incluso siendo incoherente con sus principios- bajo determinadas circunstancias que si bien no sirven de eximentes sí al menos de atenuantes. 

No encontramos en el padre Amaro (personaje de ficción, por cierto) un ejemplo de conducta, todo lo contrario. Pero sí podemos ver en él (en su máximo exponente) la debilidad humana, que sin la gracia divina puede llevar a la persona a la perdición total. En palabras de San Pablo "Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que tan sublime gracia viene de Dios y no de nosotros" (2ª Corintios 4,7).

¿Recomiendo ver esta película? Claro. No soy ningún fundamentalista, y me parece oportuno ver historias religiosas de todo tipo. Está claro que no aprenderemos de esta ningún ejemplo de conducta, pero sí puede prevenirnos para ser conscientes de que la tentación a veces es muy sutil y queda condicionada por muchos factores externos al individuo. Y tampoco está mal recordar otra frase de Jesucristo para cerrar este comentario: "Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros" (Lucas, 6, 37-38). En una historia de 2.000 años habrán habido muchos "padres Amaros", no cabe duda. Dejemos que solo Dios los juzgue.